| LOS
TRAZADORES RADIACTIVOS EN EL DIAGNÓSTICO
Y TRATAMIENTO DE LA GLÁNDULA TIROIDES |
Doctor Carlos Martínez-Duncker Ramírez
Jefe del Departamento de Medicina Nuclear Molecular
del Hospital Infantil de México Federico Gómez
Dentro de las primeras aplicaciones de los materiales
radiactivos a la medicina se encuentra la valoración
de la fisiología de la glándula tiroides
en la salud y en la enfermedad así como el tratamiento
del hipertiroidismo y del cáncer de tiroides.
A partir de 1946, la disponibilidad del iodo-131 (I-131)
permitió establecer las bases de la tiroidología
y de la especialidad médica que en la actualidad
se conoce como medicina nuclear molecular.
La valoración funcional de la glándula
tiroides puede realizarse mediante la utilización
de diversos materiales radiactivos y/o moléculas
marcadas con éstos (Tc-99m-O4, I-123, I-131,
I-131-mIBG, Tc-99m-MIBI, Tl-201, Tc-99m-[V]DMSA, etc.)
que una vez administrados al paciente, generalmente
por vía endovenosa u oral, proporcionan información
cuantitativa y/o cualitativa in vivo no obtenible mediante
otras modalidades sobre la bioquímica y el metabolismo
normal y anormal de dicha glándula.
Aunque no hay un consenso internacional, es generalmente
aceptado que la valoración morfológica
de la glándula tiroides mediante métodos
gammagráficos se realice con Tc-99m-O4 ó
con I-123 (este último no disponible actualmente
en México) y que la valoración funcional
se realice con I-131 ó I-123. Tanto el Tc-99m-O4
como el I-131 se encuentran ampliamente disponibles
en México y su costo es similar.
La obtención de imágenes gammagráficas
(valoración morfológica y fisiológica)
con Tc-99m-O4 permite valorar la morfología y
la situación anatómica de la glándula,
estimar el volumen funcional (que generalmente se expresa
en gramos), estimar la función global y valorar
la funcionabilidad de lesiones focales o difusas (ej.
nódulos tiroideos únicos o múltiples
funcionales vs no funcionales).
En la evaluación gammagráfica, el empleo
del pertecnetato de Tc-99m es preferible sobre el de
I-131 por tres razones principales:
1.- las gammacámaras actuales
están diseñadas para proporcionar la mejor
calidad de imagen (resolución espacial) mediante
la detección de la radiación gamma de
140 keV emitida por el Tc-99m;
2.- la dosis de radiación proporcionada
al paciente, que por principios de buena práctica
médica debe mantenerse en el mínimo posible,
es inferior con Tc-99m que con I-131. Como ejemplo,
5 mCi (185 MBq) de Tc-99m-O4 proporcionan a la glándula
tiroides 0.43 rads (cGy) mientras que una actividad
igual de I-131 le proporciona 3875 rads (cGy), lo que
equivale a unas 9,000 veces más radiación
con actividades iguales, por lo que la cantidad de I-131
que puede ser administrada con fines de diagnóstico
funcional tiene que reducirse de forma considerable,
lo que a su vez influye negativamente en la calidad
de las imágenes obtenibles y;
3.- La cantidad de Tc-99m que puede
administrarse a un paciente manteniendo la dosis de
radiación que se le proporciona es mucho mayor
que la que debe administrarse en caso de emplear I-131
(ej. 5 mCi vs 0.05 mCi respectivamente), lo que resulta
en mejor calidad de imagen con menos ruido estadístico
(parámetro inherente al proceso de la desintegración
radiactiva) y cuantificaciones más precisas.
La obtención de información cuantitativa
con I-131 (ej. porcentaje de captación a las
5, 24 y 96-120 horas) permite conocer el estado funcional
de la glándula. Dicho procedimiento únicamente
requiere la administración de entre 10 y 50 microCi
(0.37-1.85 MBq) de I-131 por vía oral y calcular
el porcentaje de la dosis recibida (debidamente corregida
para decaimiento y radiación de fondo) que se
encuentra en la glándula tiroides a las 5, 24
y 96-120 horas (esta última especialmente importante
en caso de que el paciente con hiperfunción tiroidea
y/o nódulo(s) funcional(es) pueda tener que ser
tratado posteriormente con I-131, ya que se considera
preferible calcular (individualizar) las dosis terapéuticas
de I-131 que recibirán los pacientes con objeto
de minimizar en lo posible la incidencia de hipotiroidismo
(ablación) innecesariamente temprano o la necesidad
de repetir el tratamiento sobre la técnica de
“dosis única” basada en experiencias
empíricas.
En cuanto a diagnóstico se refiere, la gammagrafía
de tiroides es una evaluación complementaria
muy importante en pacientes con nódulo(s) tiroideo(s)
y en pacientes con aumento de tamaño de la glándula.
La gammagrafía, a diferencia de los estudios
convencionales de laboratorio (vg. perfil hormonal tiroideo)
puede realizar el diagnóstico diferencial entre
tiroiditis subaguda y bocio tóxico o entre hipertiroidismo
ficticio e hipertiroidismo. En el primer caso, generalmente
se aprecia una glándula tiroides aumentada de
tamaño, pero en caso de que el paciente haya
presentado una tiroiditis no habrá captación
del trazador en la glándula, mientras que si
el paciente tiene bocio tóxico la captación
del trazador en la glándula se encontrará
aumentada. En el segundo, los pacientes que accidental
o intencionalmente ingieren hormonas tiroideas tendrán
una disminución de la TSH que inhibirá
(disminuirá) la captación del trazador
en la glándula tiroides, mientras que si el paciente
tiene hipertiroidismo la captación del trazador
en la glándula se encontrará aumentada.
NÓDULOS TIROIDEOS
NO FUNCIONALES
Cuando un nódulo tiroideo no capta Tc-99m-O4
o I-131 se denomina “relativamente hipocaptante"
o “relativamente hipofuncional” (debido
a que la severidad de la hipocaptación de una
zona es relativa al tejido que la rodea, el término
frecuentemente empleado de “nódulo frío”
es incorrecto) (FIGURA 1).
FIGURA1: Gammagrafía
funcional de tiroides con Tc-99m en proyección
anterior en una paciente con un nódulo
en la cara anterior del cuello. La imagen funcional
muestra que la lesión palpable depende
de la glándula tiroides y que ésta
es relativamente hipofuncional, por lo que se
requiere complementación diagnóstica
para descartar tejido maligno. |
De acuerdo a las series publicadas, aproximadamente
el 90% de los nódulos tiroideos valorados con
Tc-99m-O4 y/o I-131 son relativamente hipocaptantes.
La etiología de dichas lesiones es inespecífica,
pero en la literatura internacional se considera que
entre un 6 y un 20% de dichas lesiones contienen células
neoplásicas.
VALORACIÓN METABÓLICA
DEL NÓDULO TIROIDEO RELATIVAMENTE HIPOFUNCIONAL
La palpación y la gammagrafía funcional
(con Tc-99m pertecnetato, I-123 ó I-131) son
de primera elección en la evaluación del
paciente con un nódulo tiroideo. Si el nódulo
tiroideo es solitario y no funcional debe ser estudiado
a fondo debido a la incidencia relativamente alta de
cáncer en esos procesos
(1,2).
Existen otros materiales empleados en la valoración
de los nódulos tiroideos no funcionales (relativamente
hipocaptantes de I-131 y/o Tc-99m-O4), entre los que
destacan el Tl-201, el Tc-99m-metoxi-isobutil-isonitrilo
(MIBI) (y otros compuestos similares como el Tc-99m-tetrofosmin),
la I-131-meta-iodobencil-guanidina (mIBG), el Tc-99m-ácido
penta-dimercaptosuccínico ([V]DMSA) y la F-18-glucosa
(FDG).
El Tl-201 y el Tc-99m-MIBI son los más estudiados
a la fecha y se encuentran disponibles en México.
Ambos surgieron (y para ello son empleados rutinariamente)
para valorar gammagráficamente la perfusión
miocárdica. Penetran en las células (miocárdicas
o neoplásicas) en cantidad dependiente de la
perfusión y de la actividad metabólica
celular.
Ambos compuestos permiten detectar lesiones metastásicas
(ej. metástasis de tejido tiroideo indiferenciado
no captante de iodo).
Los protocolos reportados para el estudio del nódulo
tiroideo no funcional mediante el Tl-201 y el Tc-99m-MIBI
incluyen la obtención de imágenes “tempranas”
aproximadamente a los 20 minutos después de la
administración endovenosa del trazador y de imágenes
“tardías” generalmente obtenidas
120 minutos después
(3,4,5,6).
Varios investigadores han tratado de diferenciar entre
benignidad y malignidad empleando la gammagrafía
con talio-201
(7-19).
Los factores que pueden influir en la captación
de este trazador en las células neoplásicas
son la perfusión del tumor, la viabilidad del
tumor, el tipo de tumor, el sistema ATP-Na+-K+, el sistema
de cotransporte Na+/K+/2Cl-, el canal de Ca2+ y una
permeabilidad celular aumentada
(20).
Desde su aparición como alternativa al talio-201
para la valoración de la perfusión miocárdica,
los isonitrilos marcados con Tc-99m (MIBI)
(21)
han sido empleados también para evaluar gammagráficamente
a las glándulas paratiroides, la actividad metabólica
en diversos tumores primarios (ej. mama, cerebro, pulmones,
hueso y tiroides), la detección de metástasis
y otros aspectos metabólicos de diversas neoplasias,
como la resistencia a fármacos (multidrug resistance)
o la respuesta a ciertos tratamientos
(22-25).
En comparación con el Tl-201, el MIBI proporciona
imágenes gammagráficas de mayor calidad
al tiempo que proporciona menor dosis de radiación
al paciente. El MIBI es un agente catiónico lipofílico
y su captación tisular involucra difusión
pasiva a través del plasma y membranas mitocondriales.
En equilibrio la concentración de la molécula
depende de fuertes potenciales negativos transmembrana
hacia la matriz intramitocondrial
(26-29)
y dado que la concentración del MIBI en la glándula
tiroides normal no parece ser dependiente de las concentraciones
séricas de TSH
(30-32),
la molécula también se ha empleado para
detección de tejido tiroideo residual postquirúrgico,
recidivas y metástasis en pacientes con tiroidectomía
por cáncer de tiroides bajo tratamiento hormonal
sustitutivo (FIGURAS 2 y 3).
FIGURA2
A: Gammagrafía funcional
de tiroides con Tc-99m en proyección
anterior en una paciente con un nódulo
en la cara anterior del cuello. La imagen funcional
muestra que la lesión palpable involucra
al polo inferior del lóbulo tiroideo
izquierdo y que la ausencia de captación
del trazador funcional obliga a descartar tejido
maligno.
B: Gammagrafía metabólica
de tiroides con MIBI en la misma paciente en
la que se aprecia que la lesión relativamente
hipofuncional (A) concentra MIBI, lo que demuestra
actividad metabólica en dicha lesión
que a su vez obliga a descartar tejido maligno
mediante BAAF. |
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FIGURA3: Gammagrafía metabólica
de tiroides en proyección anterior con
MIBI en una paciente con un nódulo tiroideo
relativamente hipofuncional y BAAF diagnóstica
de cáncer de tiroides. La imagen demuestra
la existencia de actividad metabólica anormal
en el polo inferior del lóbulo tiroideo
izquierdo (flecha 1) y en la cadena ganglionar
izquierda (flecha 2) congruente con metástasis. |
Tanto las lesiones neoplásicas como los adenomas
tiroideos captan a estos compuestos químicos
por lo que el diagnóstico diferencial entre neoplasia
y adenoma funcional no es posible. Sin embargo, es importante
recordar que en la gammagrafía funcional con
Tc-99m-O4 (o con I-131) las lesiones neoplásicas
no son captantes mientras que los nódulos funcionales
sí lo son, por lo que la complementación
de una gammagrafía “funcional” (ej.
Tc-99m-O4) con una “metabólica” (ej.
Tc-99m-MIBI) permitiría diferenciar entre la
etiología de las lesiones.
Además, la literatura indica que la ausencia
de captación de Tc-99m-MIBI en un nódulo
tiroideo no funcional (Tc-99m-O4 ó I-131) descarta
la presencia de tejido neoplásico en la lesión
tiroidea, lo que justificaría un seguimiento
conservador y/o depender de un primer resultado de una
biopsia adecuada
(33).
Debido a los problemas inherentes a la biopsia tiroidea,
algunos investigadores recomiendan que cuando un nódulo
tiroideo no funcional (Tc-99m-O4 o I-131) capte Tl-201
o Tc-99m-MIBI y el resultado de la biopsia no identifique
carcinoma, la biopsia sea repetida (hay quienes lo han
hecho hasta en 5 ocasiones e identificado finalmente
células neoplásicas). Además, la
sensibilidad de estas modalidades gammagráficas
“metabólicas” parece ser muy superior
a la de la BAAF en pacientes con lesiones foliculares
(95 vs 20% respectivamente)
(3 , 34).
NÓDULOS TIROIDEOS
FUNCIONALES
Cuando un nódulo tiroideo capta Tc-99m-O4 o I-131
con igual o mayor intensidad que el tejido tiroideo
normal recibe el nombre de “relativamente normocaptante”
o “relativamente hipercaptante” respectivamente
(debido a que la severidad de la hipercaptación
de una zona es relativa al tejido que la rodea, el término
“nódulo caliente” es obsoleto) y
la probabilidad de neoplasia en estos casos es inferior
al 0.1-0.5% (la probabilidad de benignidad de 99.5-99.9%)
por lo que, en ausencia de otros datos o antecedentes
que sugieran la existencia de neoplasia, la BAAF no
está indicada
(35).
Cuando un nódulo tiroideo capta Tc-99m-O4 o I-131
con mayor intensidad que el tejido tiroideo “normal”
y éste último se encuentra relativamente
hipocaptante se puede concluir que el nódulo
tiroideo produce suficientes hormonas para inhibir la
producción de TSH, y posiblemente también
para causar hipertiroidismo (FIGURA 4).
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FIGURA4: Gammagrafía funcional
de tiroides con Tc-99m en proyección anterior
en una paciente con un nódulo en la cara
anterior del cuello. La imagen funcional muestra
que la lesión palpable corresponde a tejido
relativamente hiperfuncional congruente con un
nódulo funcional autónomo que inhibe
casi completamente al resto de la glándula.
|
Dichos pacientes son candidatos potenciales para tratamiento
con I-131, para lo cual el cálculo de la actividad
(cantidad) de I-131 que recibiría el paciente
debería preferentemente efectuarse con fórmulas
matemáticas que tomen en consideración
la vida media efectiva del trazador y la masa funcional
estimada (ej. expresada en gramos) de la glándula
tiroides de cada individuo.
CÁLCULO DE LA ACTIVIDAD
(DOSIS) DE I-131 QUE DEBEN RECIBIR LOS PACIENTES CON
HIPERFUNCIÓN TIROIDEA
La actividad de cualquier material radiactivo que un
paciente va a recibir para el diagnóstico o el
tratamiento de su enfermedad, debe ser mantenida al
mínimo pero siempre tratando de garantizar con
los mejores métodos convencionales disponibles
que la información diagnóstica obtenida
o la respuesta terapéutica observada sean adecuadas.
En los últimos años, gracias a las computadoras
modernas, se aprecia un renovado interés por
la aplicación rutinaria y el desarrollo de mejores
y más complejos cálculos dosimétricos
individualizados.
El I-131 se ha empleado por más de medio siglo
en el tratamiento del hipertiroidismo (vg. bocio tóxico,
nódulo tiroideo funcional, etc.).
No obstante el uso de fórmulas de cálculo
individualizado de la dosis de iodo-131 la gran mayoría
de los pacientes quedan hipotiroideos eventualmente.
Sin embargo, la aparición de esta complicación
relativa (puesto que el hipotiroidismo es también
parte de la evolución natural de la enfermedad)
puede retardarse mediante el uso racional de este trazador.
La incidencia publicada del hipotiroidismo postratamiento
con iodo-131 en pacientes con enfermedad de Graves es
de entre 7 y 25% anual, con un incremento de 2-4% anual
dependiente de la cantidad de iodo administrado. A los
15 años la incidencia de hipotiroidismo con dosis
calculadas para administrar 35 Gy a la glándula
es de 35-40%, mientras que es de 50-70% cuando se administran
mayores dosis.
Debido a que la captación del iodo-131 ocurre
en una zona funcional (nódulo relativamente
hiperfuncional) en mayor cantidad que en el tejido
tiroideo funcionalmente inhibido, la aparición
del hipotiroidismo es menos frecuente en el tratamiento
del nódulo tiroideo hiperfuncional que en el
tratamiento del bocio tóxico difuso. La incidencia
publicada del hipotiroidismo en los pacientes tratados
con iodo-131 por nódulos tiroideos relativamente
hiperfuncionales es únicamente de 2% anual.
Algunos autores apoyan el tratamiento empírico
del hipertiroidismo con dosis "fijas" de iodo-131
que habitualmente fluctúan entre 2 y 15 mCi (74
y 555 MBq) con la finalidad de dejarlos hipotiroideos
rápidamente y comenzar tratamiento sustitutivo
con tiroxina. Sin embargo, la glándula tiroides
del 36% de los pacientes no es destruida con este régimen
empírico. Este enfoque es rebatido además
porque su uso intenta sustituir precozmente una enfermedad
(hipertiroidismo) con otra (hipotiroidismo) que requerirá
seguimiento y tratamiento de por vida.
Debido a la capacidad cuantitativa de la gammagrafía,
el cálculo objetivo individualizado de la cantidad
de iodo-131 que se administrará con fines terapéuticos
a pacientes hipertiroideos es más extensamente
en la actualidad por los autores internacionales.
En la actualidad se considera que el cálculo
de la actividad (dosis) de I-131 que se administrará
a un paciente para el tratamiento del hipertiroidismo
(y del nódulo tiroideo relativamente hiperfuncional)
debe realizarse individualmente, en oposición
al método de la dosis "fija". Lo anterior
con la finalidad de tratar de alcanzar una respuesta
terapéutica rápida pero adecuada al tiempo
que se hace lo posible por retardar la eventual aparición
del hipotiroidismo, evitando sobredosis innecesarias
de I-131 y minimizando en la medida de lo posible, al
mismo tiempo, la necesidad de retratamientos en pacientes
con complicaciones por la tirotoxicosis (ej. cardíacas).
La gran mayoría de los métodos convencionalmente
empleados de rutina para obtener cálculos de
uso médico no son exactos y reflejan únicamente
una aproximación a la realidad (ej. fórmulas
para el cálculo de la superficie corporal, cálculo
de dosis de medicamentos, cálculo de la fracción
de expulsión ventricular izquierda por ultrasonido,
cálculo de la masa tiroidea funcional por gammagrafía
planar, etc.).
No obstante la inexactitud inherente a muchos de estos
cálculos, éstos son ciertamente objetivos
(ej. numéricos), reproducibles (ej. pueden repetirse
sin variaciones significativas) y almacenables (ej.
expediente clínico, imágenes en medios
ópticos, etc.).
Los métodos cuantitativos reducen la subjetividad
y permiten obtener información individualizada
basal (ej. pretratamiento) y de seguimiento más
precisa que las otras estimaciones más subjetivas
(ej. palpación).
El cálculo de la actividad (dosis) de I-131 que
se requiere administrar en el tratamiento optimizado
del hipertiroidismo (y del nódulo tiroideo relativamente
hiperfuncional) toma en consideración 4 puntos:
1.- la masa tiroidea funcional (cuantificación
aproximada); 2.- la captación de I-131 (cuantificación
precisa); la retención de I-131 (cuantificación
precisa) y; la radiosensibilidad.
Las gammacámaras modernas permiten realizar varios
de estos cálculos (ej. cálculo del peso
de la glándula y la captación de trazadores
como el tecnecio-99m o el iodo-131 en la glándula
tiroides a las 24 horas expresada en porcentaje). Así
mismo, existen detectores especialmente diseñados
para proporcionar información numérica
(ej. captación de iodo en la glándula
tiroides a las 24 horas expresada en porcentaje) necesaria
para implementar las fórmulas de cálculo
de dosis de I-131 en estas enfermedades.
Masa tiroidea funcional:
Idealmente, las imágenes tiroideas gammagráficas
de alta calidad obtenibles con Tc-99m o I-123 (este
último no disponible en nuestro país)
en gammacámaras modernas deben ser empleadas
para el cálculo de la denominada "masa tiroidea
funcional". Así mismo, la captación
de iodo en la glándula tiroides a las 24 horas
expresada en porcentaje debería obtenerse mediante
el uso de los detectores especialmente diseñados
con ese fin (de no estar disponibles se emplea una gammacámara).
El volumen y masa tiroidea pueden estimarse con menor
o mayor confiabilidad por varios métodos de exploración
(ej. palpación, ultrasonido, tomografía,
gammagrafía). Sin embargo, la estimación
de la masa o el volumen tiroideo calculada por modalidades
anatómicas (ej. ultrasonido) no necesariamente
correlaciona con la masa o el volumen funcional de la
glándula tiroidea. La "masa tiroidea funcional"
únicamente puede estimarse mediante el empleo
de trazadores radiactivos (ej. gammagrafía tiroidea
con tecnecio-99m). Existen básicamente 3 métodos
que emplean trazadores para estimar dicha masa tiroidea
funcional:
1.- la gammagrafía planar;
2.- el SPECT (estos primeros generalmente
con Tc-99m) y;
3.- el PET (con I-124).
Por su disponibilidad, rapidez, facilidad y costo, la
gammagrafía planar es el método más
empleado de los tres. El método requiere calibraciones
especiales que deben confirmarse periódicamente
y se recomienda que cada servicio obtenga sus valores
de normalidad.
Los otros dos métodos (SPECT y PET) no son empleados
rutinariamente. Ambos incrementan considerablemente
el tiempo, la dificultad y el costo de dichos cálculos.
El PET únicamente se ha utilizado con este fin
en proyectos de investigación.
Captación y retención
de iodo:
La captación de iodo y la retención de
iodo en la glándula tiroides se calculan individualmente
mediante una gammacámara o, preferentemente,
mediante un detector tiroideo.
Básicamente, el procedimiento requiere conocer
la cantidad precisa de iodo-131 administrada a cada
paciente por vía oral y determinar la fracción
de esa cantidad administrada del trazador presente en
la glándula a las 24 horas (con las debidas correcciones
de decaimiento radiactivo y actividad de fondo). El
resultado se expresa como porcentaje de la dosis administrada
presente a las 24 horas. El conocimiento sobre la función
tiroidea se incrementa considerablemente si también
se calcula el porcentaje de iodo presente en la glándula
a las 96 ó 120 horas, ya que con este dato adicional
puede obtenerse la vida media efectiva del trazador
en la glándula tiroides (combinación de
la vida media física del iodo-131 y de la vida
media biológica en la glándula de cada
paciente).
Radiosensibilidad:
Es sabido que cada glándula tiroides tiene una
radiosensibilidad distinta (ej. la misma dosis de iodo-131
puede dejar hipotiroideo a un paciente mientras que
otro puede requerir hasta 5 dosis iguales para el control
del hipertiroidismo).
Conclusión:
La evaluación in vivo de la función tiroidea
es únicamente posible mediante el uso de los
trazadores. La medicina nuclear molecular proporciona
información cualitativa y cuantitativa importante
que permite diagnosticar enfermedades, realizar diagnósticos
diferenciales y optimizar el tratamiento de la hiperfunción
tiroidea. Permite también establecer la actividad
celular metabólica en los nódulos tiroideos
relativamente hipofuncionales y descartar la presencia
de tejido neoplásico en éstos. Las imágenes
gammagráficas permiten calcular la masa tiroidea
funcional y los porcentajes de captación del
iodo en distintos momentos con lo cual a su vez podemos
calcular el grado de hiperfunción tiroidea y
calcular la dosis terapéutica de I-131 que se
requiere para prolongar un estado eutiroideo en el paciente.